MI ABUELO JERÓNIMO (ACTIVIDAD)


MI ABUELO JERÓNIMO

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.

Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día.

Un día de  pleno invierno, el abuelo Jerónimo se despertó de golpe a causa del frío. Se levantó, no se lo podía creer, habían muerto tres de sus crías más débiles. Se le vino el ánimo abajo, temía que su forma de ganarse la vida acabaría allí. Solo les quedaba vender las cerdas y sus crías restantes ya que no tenían posibilidad de pedir a alguien que les prestase el dinero para comprar alguna cerda más y esperar a que criase.  Al cabo de siete días, cuando iban a vender las cerdas, un hombre alto, más bien delgado y con una muy buena vestimenta se les presentó y les impidió que vendieran las cerdas. El abuelo Jerónimo y mi abuela se quedaron perplejos, no sabían quién era  ese hombre. Este señor les hizo una oferta muy buena, les ofrecía unas diez cerdas más para que ellos las cuidasen. De golpe los ojos de los abuelos se iluminaron, no podían creérselo. ¿Estaban soñando? No, no estaban soñando, era todo real y por supuesto aceptaron la oferta de ese hombre. Se lo agradecieron mucho y se fueron a su casa felices.

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